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La Ciudad Real de Las Palmas era en el siglo XVI la cabeza del “reino
de Canaria”. Se estima que tenía unas 800 casas, correspondientes
a unos 3.000 habitantes. También albergaba la Real Audiencia, el
tribunal de segunda instancia de Canarias y la (única) Catedral del archipiélago.
La ciudad era, por tanto, muchísimo menor que ahora y ocupaba
sólo los actuales barrios de Vegueta y Triana, que estaban separados
por el río Guiniguada. El puerto se encontraba “a tres millas”,
rodeado de colinas arenosas (de aspecto nada prometedor para la gente de
la época, seguro).
La ciudad tenía dos murallas, una al norte y otra al sur y dos
fuertes: Santa Ana y Santa Isabel. El puerto lo protegía el castillo
de la Luz. Estas fortificaciones estaban dedicadas a proteger a la ciudad
de los ataques de piratas y similares, más que de una guerra convencional.
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