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Nota: Este artículo es una traducción del original escrito en inglés, publicado originalmente en Seams Like Old Times, número 18 y disponible en Internet. Fue escrito hace bastante tiempo, por lo que la autora agradecería cualquier dato sobre nueva información disponible, datos contradictorios, etc.

A otros temas de vestimenta medieval

España, la Alta Edad Media:
Vestimenta de los visigodos, mozárabes, y los reinos cristianos del norte

por Maddalena Jessamyn di Piemonte

Publicado originalmente en Seams Like Old Times, número 18

La vestimenta española antigua es un tema poco explorado; el observador casual encontrará pocas referencias a este período en las fuentes sobre vestimenta en general, e incluso en los libros de arte específicos. Las pocas referencias que hay están en español [agotadas] y encontrar representaciones pictóricas a menudo requiere una visita a una biblioteca bien surtida. Sin embargo la búsqueda vale la pena, pues lo que emerge es un conjunto de prendas de vestir únicas, mayormente desconocidas y normalmente ajenas a las tradiciones del resto de la Europa occidental.

Antes de tratar la vestimenta de cada periodo, es importante comprender los factores históricos que lo forjaron. La península ibérica, tras un periodo de dominación romana, fue invadida por varias tribus bárbaras, incluyendo los suevos, los vándalos y los alanos, y fue finalmente controlada por los Visigodos hacia el año 415. Aunque los Visigodos llevaron muchos elementos de la cultura germánica a la península, retuvieron muchas costumbres romanas, especialmente en lo tocante a la vestimenta. Tras un periodo de regicidio y guerra civil durante el siglo VI, y las intrigas de palacio y disputas del siglo VII, los visigodos no se encontraban preparados para la invasión árabe y bereber del año 711. Las fuerzas de los conquistadores se dirigieron hacia el norte, pero fueron detenidos por Carlos Martel al norte de los Pirineos, y acabaron quedándose con el dominio de toda la península excepto por unos pocos reinos cristianos. Hasta 1492 estos reinos del norte mantuvieron la lucha por reconquistar la península ibérica.

Aunque el último rey visigodo perdió su trono en el año 711, la evidencia sobre vestimenta de los siguientes 200 años muestra una continuidad de los estilos visigodos. Este periodo, por tanto, aunque no sea técnicamente visigodo, será denominado aquí como tal por razones de conveniencia. Hay pocas fuentes, iconográficas o de otro tipo, que documenten la vestimenta de este periodo. Estamos, por tanto, en deuda con San Isidoro de Sevilla, quien, en su enciclopedia denominada "Etimologías" (622-623 d. C.) dedica la mayor parte de un capítulo a tratar de la vestimenta. (También estamos en deuda con Carmen Bernis quien, que yo sepa, es la única autora moderna que ha investigado este periodo. Mucho de lo que sigue ha sido extraído de sus investigaciones sobre los siglos séptimo a décimo.)

Siglos VII a X

La prenda básica de los visigodos, al igual que de los romanos, era la túnica con mangas (mostrada en las figuras 1 y 2). Hay varios tipos descritos: la túnica pectoralis (una túnica corta), la túnica escarlata y la túnica coccina (túnicas rojas), y la armilausa vulgo. La armilausa no pertenecía a la tradición romana, ya que era una prenda abierta por delante y por detrás (figura 3). Algunas de éstas tenían una falda abierta con puntas agudas y pueden verse en los relieves visigóticos asturianos. También hay mención de una túnica para mujeres llamada amiculum, vestida en Roma por mujeres de dudosa reputación pero usada en España por las mujeres decentes.

Aún se evidencia el uso de la túnica romana, decorada con tiras verticales llamadas clavii. Las túnicas se decoraban frecuentemente con listas llamativas, tanto horizontales como verticales. Se llevaban ajustadas con un cinturón grueso con hebilla conocido como un cingulum, muchos de los cuales se han encontrado en la excavaciones de enterramientos.

También hay un estilo inusual representado en el codex Armilianensis, un manuscrito visigótico. En él podemos ver tanto hombres como mujeres vistiendo lo que parece ser una túnica o traje largo con hileras de vuelos. Boucher especula que éstos fueron introducidos a España por mercaderes de Siria, donde se usaba este tipo de trajes de inspiración cretense. (Ver Boucher p. 132, Davenport p. 109)

Figuras 1 a 5

Las capas y mantos eran usados por ambos sexos y por todas las clases sociales. La capa romana, en varias formas, se llevaba recogía sobre el hombro izquierdo, y el chlamys, una capa corta semi-circular, se llevaba atado sobre el hombro. San Isidoro hace especial mención del mantum hispani (figuras 5 y 13); éste era un manto pequeño que llegaba sólo hasta las manos, y que se convirtió en una prenda común de la moda española de los siglos siguientes. Hay también evidencia de que el pallium romano, una capa rectangular, se usaba. En España, sin embargo, este manto no se sostenía con una única fíbula (broche similar a un imperdible) sobre el hombro, sino que se llevaba con fíbulas colocadas a ambos lados del pecho.

Los hombres (y posiblemente las mujeres) llevaban varios tipos de prendas para cubrir las piernas, similares a los pantalones modernos. Las bracae eran pequeñas, y sólo cubrían las partes intimas, mientras que las femoralia eran más largas y también cubrían los muslos. Los tubrucos, un nombre que hoy se usa para pantalones, se llevaban bien ajustados o sueltos alrededor de los tobillos. Estos pueden verse en los relieves romanos como parte del atuendo bárbaro, y Bernis observa que guardan un fuerte parecido a los pantalones usados por los partos en Persia.

Centrándonos ahora en la parte superior, se ve que el pelo corto llevado durante el periodo clásico romano va dando paso a estilos más largos, y que estos nuevos estilos favorecían los flecos llegando a las orejas. Era costumbre que las mujeres jóvenes llevaran el pelo suelto, señalando su estado de solteras. San Isidoro también menciona un capitulare relacionado con la vestimenta de las mujeres, pero sólo podemos hacer suposiciones sobre su contenido.

Siglo XI

La España mozárabe, aquella bajo el dominio musulmán, desarrolló estilos de vestir distintos de los del resto de la Europa cristiana. A diferencia del periodo anterior, hay más evidencia en las miniaturas sobre los estilos usados en esta etapa de la historia española.

Bernis menciona por primera vez la camisa, pero no explica la naturaleza de esta prenda, excepto por su mención de las camisas lineas (de lino) y las camisas siricas (de seda) y del hecho de que estas sean blancas y de otros colores. Hay, sin embargo, más información sobre las túnicas. En España, a diferencia del resto de Europa, estas se observan en gran variedad y muchas tienen nombres de origen árabe. La mutebag era ajustada y sin mangas (Figura 6), mientras que el mofarage o mofarrex tenía una abertura desde la cintura, dejando las piernas descubiertas.

La clase superior llevaba túnicas de diferentes longitudes que se llevaban superpuestas (Figura 7). Las túnicas exteriores se llamaban pintelles, o aljubas, un término usado en siglos posteriores para designar a la prenda usada sobre todas las demás. Hay también referencias a la adorra, que se abotonaba por la parte delantera, probablemente la referencia más antigua a los botones. También se ven túnicas abiertas por la parte delantera hasta un punto invertido, otras alargadas por detrás hasta los tobillos (a veces en puntas) y aún otras con una cola rectangular por detrás (Figura 4).

Las túnicas se hacían de lana y lino y, en el reino de León, se las podía ver hechas en cara seda coloreada. (La España musulmana en esta época competía con Oriente en la manufactura de telas de seda.) Las prendas se decoraban con tiras (posiblemente bordadas) sobre los puños, mangas, y hombros. Una misma prenda podía estar hecha de diferentes colores de tela. Los tejidos eran decorados con pequeños diseños que ocupaban toda la tela, especialmente grupos de tres puntos, y también con diseños de rayas más grandes.

Figuras 2 a 9

También se desarrollaron una gran variedad de mantos, que podían ser mobatana (forrados de pieles), barragán (lana), y alifafe (hecho de diferentes pieles). Pieles comunes eran las de comadreja, conejo y cordero. Un estilo peculiarmente español, que probablemente tiene su origen en la paenula romana, era completamente cerrado, más corto por detrás que por delante, y con una banda decorando el borde inferior delantero. Otro estilo tradicionalmente español, llevado por tanto hombres como mujeres, es el que tenía una abertura para el brazo izquierdo (Figuras 1 y 2). También se sigue viendo la capa visigótica corta.

La moda masculina española se distingue por sus prendas para las piernas, especialmente por los pantalones sueltos fruncidos en los tobillos, que pueden verse en las ilustraciones de caballeros y otras figuras importantes; una versión más corta de éstos es usada por las clases inferiores (Figura 8). Estos pantalones podrían ser descendientes del femaralis visigótico, o quizás ser una muestra de influencias musulmanas. La mayoría de los nombres de calzados muestran esta influencia, como las ballugas, que se levantaban alrededor de los tobillos, y los soccos, albacass, y zapatones. (Zapatos se convirtió en el término genérico para el calzado durante el Renacimiento.) Hay también menciones de la sandalia, obviamente procedente de los romanos, y vemos zapatos con la punta retorcida, una influencia de los árabes.

En las miniaturas pueden verse varios tipos de tocados (Figura 9), desde las mitras altas y puntiagudas de los obispos hasta la silueta semicircular, crestada, del rey. También pueden apreciarse los tocados altos y redondos de las clases superiores y el casco puntiagudo del soldado. Hay además evidencia del uso de turbantes, que explicarían lo que parece un disco alrededor de las cabezas de algunas figuras. También se describe una capucha que cubre la cabeza y el cuello, sujetada con una banda grande llamada almaizar.

Siglo XII

En el siglo XII, los peregrinajes aumentaron por toda Europa y crecieron los intercambios de conocimientos. Al convertirse Santiago de Compostela en un lugar de peregrinaje importante, los reinos cristianos del norte de España empezaron a ser influenciados cada vez más por las costumbres del resto de Europa. Aunque la vestimenta acusó también esta influencia, el traje español aún retuvo las singulares tradiciones mozárabes, y hay aún abundante evidencia de influencias orientales.

Las prendas principales para hombres y mujeres eran el brial, llevado bajo la piel/pellizón, y un manto. (Las palabras almexia y túnica continuaron siendo usadas.) El brial era una túnica, normalmente con mangas ajustadas; las mujeres llevaban el brial largo, pero los hombres preferían una versión más corta a la que podía además practicársele una abertura para facilitar el montar a caballo. El brial se hacía normalmente de tela rica como la cenda (seda fina), xamet, o ciclatón (seda tejida con oro). Los puños solían decorarse con diseños geométricos o espirales, pero no estamos seguros de cómo se aplicaban éstos. Los diseños estampados de motivos pequeños cubriendo toda la tela aún se evidencian.

La piel o pellizón se lleva por encima del brial y, como éste, puede tener una abertura en la falda. Las mangas, sin embargo, son más cortas y anchas (incluso anudadas) y las versiones femeninas muestran mangas ajustadas que se ensanchan repentinamente en la muñeca (Figuras 10 y 11). El nombre de pellizón viene del forro de piel que se ocultaba tras otro forro de tela. Las pieles favoritas eran el armiño, abortones, conejo, y cordero. Estas prendas eran decoradas con bandas alrededor del escote bajo, los bordes de las mangas, los dobladillos de las faldas, y atravesando la parte superior de las mangas (también un estilo musulmán).

Figuras 10 a 13

Bernis dice que los mantos se llevaban tanto en interiores como en exteriores y que el viejo pallium y manto semicircular romanos continuaron siendo usados. También muy popular en esta época era la capa con sólo una abertura para la cabeza, rematada por una capucha. Las mujeres preferían una versión más corta del manto, similar a un poncho moderno. Los tubrucos (pantalones) continuaron siendo usados pero estaban siendo relegados a las clases inferiores. Una nueva clase de calzado/pantalón, ajustado a la pierna y probablemente atado a las bracae, se iba popularizando. (Figura 12).

Durante este periodo los hombres raramente se cubrían el cabello, que podía ser largo o corto, y atado en trenzas. Bajo el cappillo de armor (casco), sin embargo, el pelo se recogía en una cofia, y el cappillo de hierro, que era cónico, dio su nombre a un tocado puntiagudo de tela. Las barbas eran comunes y simbólicas: una barba poco aseada, o una trenzada con un cordel de tela, era signo de duelo, mientras que mantener la barba propia en la mano era signo de gran satisfacción o arrogancia. Un insulto tremendo era el acariciar la barba de otro hombre; El Cid hizo un juramento por aquesta barba que nadi non messó, queriendo decir "por esta barba que nadie ha tocado". Las mujeres, por otro lado, siempre llevaban la cabeza tapada de alguna forma. Un estilo, que muestra influencia bizantina, cubría la cabeza, cuello, hombros, y a veces el pecho, mientras que otro estilo muestra varias capas de tela onduladas alrededor de la cara y cuello. A ambos estilos podía añadirse un gorro.

Aunque hay pocas fuentes documentales sobre la vestimenta de este periodo, lo que vemos es una variedad de estilos inusuales que no aparecen en otras partes de Europa. Esta variedad continúa siendo la característica de la moda española a través del Renacimiento, y recomiendo sin reservas continuar el estudio en este campo a aquellos que se inclinan por explorar territorios inexplorados.

Bibliografía

* Bernis Madrazo, Carmen. (1955). Indumentaria Medieval Española. Madrid: Instituto Diego Velasquez (ahora parte del CSIC).
* Boucher, Francois. (1987). 20,000 Years of Fashion (expanded edition). New York: Harry M. Abrams, Inc.
* Davenport, Millia. (1976). The Book of Costume. New York: Crown Publishers.
* Post, Chandler R. (1966). A History of Spanish Painting (Vol. 1-10). Cambridge, Mass: Harvard University Press.
* Williams, John. (1977). Early Spanish Book Illumination. New York: George Brazillier.