Alcaçar

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Venus y Caballero
Amor, Parodia y Juegos de Armas en las Andanzas de Ulrich von Liechtenstein (I)

por Leonor Martín (Marianne Perdomo), Julio 2003

Ulrich: caballero y poeta

Ulrich von Liechtenstein nació hacia el año 1200 en la Estiria, una región situada en lo que hoy es el sur de Austria y el norte de Italia. No tiene relación con el actual territorio de Liechtenstein.

A la edad de 20 años pasa unos tres años aprendiendo a justar y ganando premios. Fue armado caballero en 1222. Ulrich era al parecer educado y de carácter afable. Escribía poesía lírica, en la tradición del minnesong, la canción trovadoresca germana. En 1226 ó 1227 realiza su "Viaje de Venus", que puso por escrito años más tarde. En esa narración mezcla la ficción literaria con los hechos autobiográficos, de forma que los expertos debaten cuánto es real y cuánto es ficticio. Personalmente, me pongo de parte de los que ven en el "Viaje de Venus" elementos de parodia. No creo que nadie - de cualquier época - pudiera escuchar ciertas escenas sin reírse. En 1240, emprendió otro viaje lúdico-caballeresco: "el viaje de Arturo", inspirándose en la leyenda artúrica.

Hacia mediados del siglo XIII, Ulrich se vio envuelto en los problemas territoriales de su región (Bohemia y Hungría se disputaban la Estiria) y en el conflicto por el liderazgo del estado eclesiástico de Salzburgo. Mantuvo varios cargos de importancia, actuando como juez y testigo de acuerdos importantes, pero también fue acusado de traición y encarcelado. Murió en 1275 ó 1276.

Los Torneos

Los primeros torneos eran entretenimientos peligrosos, a menudo más parecidos a una pequeña batalla que a las justas a las que nos ha acostumbrado Hollywood. Surgieron probablemente como entretenimiento de guerreros hacia el siglo XI, explotando las técnicas de carga caballería con lanza. Hacia el siglo XII ya abundan las referencias a los torneos, que empezamos a ver divididos en varios tipos: el hastiludium era un juego de grupo con lanzas y a caballo, sin liza que separara a los contendientes. La justa, por el contrario, solía ser individual: caballero contra caballero, con lanzas. El paso de armas y sus variaciones definía un defensor o grupo de defensores, que debía llegara a cierto lugar o impedir el paso por cierto sitio.

Es también en el siglo XII cuando empieza a haber evidencia de espectadores, tales como mujeres, y a usarse pretextos elaborados y ambientaciones literarias para dar más espectacularidad al deporte. Por otro lado, también había motivaciones más prácticas: para los guerreros habilidosos como William Marshall los torneos podían ser una forma de ganar botín: caballos, armas,... Felipe de Flandes, la "flor de la caballería", aconsejaba a sus hombres esperar a que los otros caballeros estuvieran cansados, pues así ganarían más. Por supuesto, eran también una buen forma de perder el patrimonio.

Hay indicios de la celebración de torneos en Alemania desde mediados del siglo XII y en Austria desde 1175. Para la época de Ulrich los diferentes tipos de torneos ya estaban establecidos como divertimentos caballerescos, aunque sólo de unos pocos nos han llegado noticias. En 1225, por ejemplo, tras la toma de un castillo cerca de Frankfurt los soldados decidieron celebrar unas justas para celebrar el final del asedio. En 1227 un caballero de Turingia, Waltmann von Setenstete anunció la celebración de una "floresta", un tipo alemán de "tabla redonda", a la que llevaría una chica hermosa. Justaría tres carreras contra los que le desafiaran. Si un atacante le ganaba se llevaría a la chica y sus armas y equipo. Logró llegar a la "floresta" sin ser derrotado, donde se celebró algún tipo de ceremonia. El mismo Ulrich cuenta que, en 1224, las negociaciones diplomáticas entre los señores de las regiones de Istria y Carintia fueron interrumpidas hasta haber celebrado unas justas.

Amor Cortés

Ulrich echa mano a ciertos recursos al parecer intemporales. Antes la indiferencia de la amada, hay que quejarse: por su amor "muere", desfallece, le sangra la naríz,... Otros tópicos son más propios de su tiempo, y del llamado "amor cortés". La mujer elegida es tan perfecta que es casi divinizada. Servirla, literalmente, es una forma de mejorarse y alcanzar fama y honor.

En teoría al menos, la mujer se convierte en señora del caballero, en el sentido feudal de la palabra. Claro que el tipo de "servicio" lo suele elegir el hombre, y no es raro que se queje cuando su señora le pide algo que no es tan de su agrado. También hay que decir que la señora de Ulrich tampoco es una santa: al leer ciertos pasajes da más bien una imágen de "belle dame sans merci" o bella mujer sin piedad. Por si ya fueran pocos inconvenientes, es además un amor muy poco práctico: la señora suele estar ya casada, es de alta alcurnia y todo el tema debe llevarse con mucha discreción. En fin, que para sacar de ésta una historia romántica harían falta enormes cantidades de miel.

El Servicio de las Señoras, la historia de Ulrich

"El Servicio de las Señoras", el libro de Ulrich, comienza con un elogio a las mujeres, de las que él oye por todas partes que son todo esplendor y todo virtud, sin tacha alguna. Nos cuenta que ya de pequeño, cuando aún montaba un caballo de juguete, oía que la forma de ganar fama y honor pasaba por servir a una mujer. Escuchaba con atención relatos y noticias para ver cuál era la mejor y una vez que decidió cuál era esta mujer superior, consiguió entrar al servicio de ella como paje. ¿Cómo hacer que se fijara en él entre tanto joven noble? Le llevaba flores recogidas de los campos y se llevaba a escondidas el agua con que ella se había lavado las manos para ¡bebérsela!

Tras unos cuatro años al servicio de la señora, Ulrich debió volver a su casa, pero no olvidó su amor. Fue enviado a servir a casa de una gran señor, alegre, valiente y caballeroso, que le enseñó sus habilidades: hablar con las damas y montar bien a caballo. Tras cuatro años sirviendo a tal señor, éste le equipó bien y le dio permiso para irse. Ulrich volvió a su tierra, donde vio que bandas de jóvenes se dedicaban al noble pasatiempo de la justa. Se unió a ellos, decidiendo servir a su señora como caballero errante. En ello estuvo unos tres años, hasta que fue armado caballero en Viena, durante la boda de la hija del Príncipe Leopoldo de Austria con un noble de Sajonia.

A la boda acuden, según Ulrich, miles de invitados y el Príncipe muestra su majestad repartiendo oro, plata, ropas, monturas,... Tras las melés y otros pasatiempos caballerescos se hacen danzas. Entonces, entre las mujeres, ve a su señora, que comenta alegrarse de que fuera armado caballero. Ulrich es muy feliz y abandona la boda rompiendo lanzas por doquier, pero su alegría dura poco y pronto pasa las noches y los días con el dolor de la separación. Enrola a su tía como intermediaria, que le avisa de que la dama es de demasiada alta alcurnia para él y que sólo ganará su ira y desprecio. A las cinco semanas Ulrich se entera de que su tía he hecho el viaje y regresado. Ella le había dado su mensaje a la dama - y leído la canción compuesta por Ulrich - pero la señora le rechaza por tener el labio feo y no quiere oír más del asunto. Por supuesto, esto no convence a Ulrich que afirma que sólo la muerte podrá alejarle de su amor, y busca un médico que le opere la parte ofensiva para que parezca normal.

La Aventura de cómo Ulrich habló por primera vez con su Señora

Ya curado de la operación que aguantó sin queja, la señora decide ver a Ulrich por curiosidad sobre su labio. Ulrich va a verla muy emocionado, pero no se atreve a hablarle. Al final del día ayuda a las mujeres - algunas muy guapas- a bajar de los caballos. Al ir a ayudar a bajar a su señora ésta provoca la risa general al acusarle de ser demasiado débil para bajarla. Y al bajar, ella le arranca a escondidas un mechón de pelo, en castigo por ser tímido. Más tarde Ulrich tiene otra oportunidad y por fin le dice lo que siente. Ella le acusa de ser aún un tanto rústico y de ponerla en peligro hablando con ella en público. Pero Ulrich se va contento de haberle hablado y se une a una banda de caballeros, teniendo la buena fortuna de descabalgar a un oponente.

Al final del verano la tía de Ulrich envía su paje a la dama con la noticia de sus hazañas, y otro poema de Ulrich. Pero la dama no le cree. Ulrich pasa el invierno buscando la forma de enviar algún otro mensajero, sin éxito. Pero llega el verano, y con él la temporada de torneos trae nuevas ocasiones de lucirse como caballero.

De cómo Ulrich perdió un dedo

Tras unas justas, el caballero Ulschalk von Bozen desafía a Ulrich a mostrar constancia por su señora y romper por ella una lanza o dos. Pero Ulschalk roza la mano de Ulrich, dejándole un dedo colgando por un hilillo y Ulrich se quita el yelmo en señal de no poder justar más. Un médico le venda dedo y mano, pero a los siete días están hinchados y negros y Ulrich va a ver otro médico. Desde allí envía a un amigo a su señora, con la noticia de que ha perdido un dedo en su servicio y pidiendo le deje ser su caballero. Ella responde con negativas y amenazas.

Pasa el tiempo y Ulrich vuelve a justar por su amada. Envía de nuevo a su mensajero, que encuentra a la dama furiosa por que le han mentido, ya que Ulrich aún conserva su dedo, aunque esté un tanto doblado y maltrecho. Ulrich responde buscando quién le corte el dedo y un orfebre que le haga un broche de oro que lo sostenga. Al recibir el dedo ella se conmueve y promete guardarlo cerca de ella, pero sigue rechazando a Ulrich. Aunque le sirva mil años no le aceptará, dice ella.

El Viaje de Venus

Ulrich, contento de que la dama guarde su dedo cerca de ella, decide ganar la fama de una nueva manera: se vestirá de mujer. Ese mismo invierno viajará como peregrino a Roma, parando en Venecia. Allí se esconderá hasta la primavera. Entonces, pasado el día de San Jorge, se vestirá como una reina y "surgirá del mar" para viajar hasta Bohemia justando con el que se preste. Y a quien rompa su lanza le dará un anillo para que lo presente a la dama que sirve. La señora de Ulrich aprueba el plan.

Ulrich hace que le cosan doce trajes y treinta camisas finas. Compra dos trenzas y las rodea con perlas que no le costaron demasiado. Encarga también tres mantos blancos y sillas de montar blancas y brillantes. Viste a doce escuderos en blanco; y blancos son también su escudo, su yelmo y todo lo que llevan él o los escuderos. Toma sirvientes extranjeros para no ser conocido y envía una carta de "la noble Reina Venus, Diosa del Amor" a todos los caballeros de Lombardía, Friuli, Carintia, Estiria, Austria y Bohemia. En ella añade que el que fuera derribado de su caballo debería inclinarse hacia los cuatro finales de la tierra en honor a una mujer, y que si "ella" era derribada, el caballero se quedaría con los caballos que llevara ese día. Incluye también el calendario de encuentros: el primer día iría a Treviso, el segundo al río Piave, el tercero en Sacile y así hasta llegar a Bohemia. Durante el viaje nadie verá su cara ni sus manos. La carta es mostrada y leída, trayendo alegría a muchos hombres.

El día después del de San Jorge, la gente se agolpa alrededor de Ulrich, cuya cabeza se llena de grandes actos de valor. Su mariscal y su cocinero, con tres ayudantes van delante para arreglar los temas de cama y comida. Tras ellos va un hombre con una bandera blanca como un cisne, y dos a su lado tocando sus cuernos. El sonido retumba por el lugar. Sus tres caballos de equipaje eran llevados por tres buenos y valerosos mozos. Tras ellos van sus tres corceles de batalla, cada uno con un buen mozo para cuidarlo, y con una buena silla, blanca como la plata. Junto a los corceles va su escudo - blanco y digno de una reina- y su yelmo. Sobre éstos va una corona bien espléndida. Luego un flautista, que tocaba el tambor con habilidad. Tras él, van cuatro escuderos con tres lanzas cada uno, grandes y muy bien hechas. Luego cabalgan dos doncellas, vestidas de blanco reluciente y, detrás, dos violinistas. Finalmente iba Ulrich, vestido de blanco, con trenzas gruesas de color castaño, que le llegaban más abajo de la cintura, como las de una doncella. Sus ropas eran tales que no los ha habido más ricos, y los guantes eran de seda blanca. Más de mil caballeros le esperaban para intentar romper sus lanzas, pero surge un problema: el señor de Treviso había prohibido las justas para evitar altercados. Ulrich entra con estudiada lentitud en la ciudad, siendo saludado por muchas bellas mujeres. Éstas interceden por la "reina" y su aventura, y finalmente el señor de Treviso autoriza dos encuentros.

El Conde Meinhardt vuelve armado: su yelmo resplandece como el sol y es duro como un diamante. Lleva un penacho de plumas con grandes riquezas, como hojitas de plata agarradas a las plumas. Su capa, cinto, silla de montar y lanzas son todas verdes como el trébol. Las espuelas de oro brillan y su corcel - fuerte y rápido - avanza saltarín. Debido a la gran multitud que se ha juntado, el conde y Ulrich se encuentran en un puente. El conde carga y Ulrich espolea a su caballo, como si ambos fueran a volar. Cada mano se mantiene firme, y también cada ojo. Las lanzas se entrecruzan entre el yelmo y el escudo con gran ruido; sus pedazos volaron por el aire. Pasan tan cerca uno del otro que los escudos chocan entre sí. Cogiendo nuevas lanzas vuelven a justar, bien y duramente. Ninguno cae, sino que rompen seis lanzas antes de que el conde, bueno y bravo, desata su yelmo. Ulrich le entrega un anillo, para regalar a la dama a la que amase, en señal de su lealtad y constancia, y se prepara para enfrentarse a Leutfried, señor de Eppenstein.

Leutfried llega con ropas finas y bien hechas. Su lanza es pesada y roja, para mostrar su valor. Ulrich se acerca de lejos para coger velocidad pero la lanza de Leutfried baja demasiado y golpea al caballo de Ulrich en el cuello; y la lanza de Ulrich en el pecho de él. El caballo de Ulrich se encabrita y la reina acaba en el suelo. El día toca ya a su fin, así que Ulrich se retira a su posada.

Continuará...

Bibliografía

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